Conocido es que el que roba gallinas acaba en la cárcel y el
que roba millones acaba en Hawái. Tal vez el ejemplo no sea muy acertado pues
no es que desde aquí queramos acusar de ladrón a nadie pero resulta curioso el
caso que todos conocemos:
Un señor es nombrado ministro de economía y fomenta lo que
se ha dado en llamar "la economía del ladrillo", dicha economía es la
que ha sumido a este país en una profunda crisis al estallar la denominada
burbuja inmobiliaria.
Finalizado su proceso como ministro, dicho señor es nombrado
presidente del Fondo Monetario Internacional. Durante su mandato estalla la
llamada crisis mundial en la que estamos inmersos y dicho organismo no es capaz
de identificar las señales que anunciaban su llegada, algo que es declarado
cuando la mencionada persona ya ha dejado su cargo.
Tras su llegada al país, el actual presidente - que antaño
fue compañero ministro - decide encargarle la dirección del cuarto grupo
bancario. Tras unas arduas gestiones abandona la entidad declarando unas
pérdidas de 30 millones de euros e indicando quién debiera ser su sustituto.
No han pasado dos días de su renuncia y resulta que la
entidad bancaria está en una profunda crisis, que esa deuda declarada de 30
millones en realidad supera los 3.000 millones (en nuestro pueblo eso es un
desfase de un 10.000 %), que por problemas con inversiones en el sector de la
construcción - dígase economía del ladrillo - dicha entidad se hunde y para "salvarla"
el gobierno va a hacer una inversión de más 12.000 millones (del dinero de
todos los ciudadanos: de esos con una tasa de paro astronómico y que oyen como
les informan que no hay dinero para continuar con el modelo sanitario y
educativo actual), no asegurándose que no sean necesarias aportaciones
adicionales.
Como se indicó al principio, no llamamos ladrón a nadie pero sí dudamos de la capacidad como gestor de la persona no nombrada, aunque lo que
más nos preocupa es que quien tiene la designación de los españoles para
gobernarnos sí confía en él.
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