La iglesia no paga IBI

Ante la expectación que ha suscitado el hecho de que la Iglesia no pague el IBI, esta a publicado en el Servicio de Información Católica el artículo: 10 preguntas, 10 respuestas sobre la financiación de la Iglesia y régimen de fiscalidad.

En él se reconoce que la Iglesia no paga el IBI de muchos de sus inmuebles aunque aclara que lo mismo se aplica a muchas instituciones que "realizan actividades de interés general", como fundaciones, asociaciones de utilidad pública, federaciones deportivas, partidos políticos, sindicatos, iglesias evangélicas, comunidades judías y musulmanas, el museo del Prado, la SGAE, el Hotel Ritz y el Palacio de Liria, y otros.

Dejando de lado que la iglesia tiene un poder histórico en nuestro país que exigió que se incluyera específicamente en la Constitución la obligación de los poderes políticos a "cooperar" con ella y que, con independencia de nuestras creencias religiosas, sí creemos que realiza una mayor actividad de interés general que la realizada por una institución privada como la SGAE o por Ritz, el tema que tratamos en este artículo tiene que ver con otra realidad que está últimamente en el "candelabro".


Que estamos en un momento de crisis, todos lo sabemos. Que en este momento de crisis la economía sumergida está haciendo un flaco favor a la legal y puede acabar con nuestro sistema, nadie lo duda.

Nuestro gobierno, en un intento de hacerla florecer, ha introducido una serie de medidas de muy dudosa efectividad, pero ha olvidado realizar alguna medida de captación de la mayor organización con caja B de este país.

Recordemos que la iglesia dispone de sucursales en todos y cada uno de los municipios de este país, que en dichas sucursales se realiza diariamente una recolecta de dinero en caja B (dinero que nunca se declara).

Abrá gente que considere que dicho dinero son donaciones a una organización benéfica y que el que contribuye en el cepillo de la iglesia en realidad lo que está haciendo es un acto altruista, pues no puede desgravarse fiscalmente este dinero.

Podríamos discutir si las aportaciones a la iglesia deberían poderse desgravar o no (hablamos de donaciones a la institución no a aquellas acciones que realiza como caritas y similares), lo que creemos que a nadie se le escapa es que la Iglesia no declara nada de lo que recibe en esa caja B ,ni a qué fines lo dedica, ni tributa lo más mínimo por ella.



No es lo mismo dátiles que tomátiles. Ni de rato.


Conocido es que el que roba gallinas acaba en la cárcel y el que roba millones acaba en Hawái. Tal vez el ejemplo no sea muy acertado pues no es que desde aquí queramos acusar de ladrón a nadie pero resulta curioso el caso que todos conocemos:


Un señor es nombrado ministro de economía y fomenta lo que se ha dado en llamar "la economía del ladrillo", dicha economía es la que ha sumido a este país en una profunda crisis al estallar la denominada burbuja inmobiliaria.

Finalizado su proceso como ministro, dicho señor es nombrado presidente del Fondo Monetario Internacional. Durante su mandato estalla la llamada crisis mundial en la que estamos inmersos y dicho organismo no es capaz de identificar las señales que anunciaban su llegada, algo que es declarado cuando la mencionada persona ya ha dejado su cargo.

Tras su llegada al país, el actual presidente - que antaño fue compañero ministro - decide encargarle la dirección del cuarto grupo bancario. Tras unas arduas gestiones abandona la entidad declarando unas pérdidas de 30 millones de euros e indicando quién debiera ser su sustituto.

No han pasado dos días de su renuncia y resulta que la entidad bancaria está en una profunda crisis, que esa deuda declarada de 30 millones en realidad supera los 3.000 millones (en nuestro pueblo eso es un desfase de un 10.000 %), que por problemas con inversiones en el sector de la construcción - dígase economía del ladrillo - dicha entidad se hunde y para "salvarla" el gobierno va a hacer una inversión de más 12.000 millones (del dinero de todos los ciudadanos: de esos con una tasa de paro astronómico y que oyen como les informan que no hay dinero para continuar con el modelo sanitario y educativo actual), no asegurándose que no sean necesarias aportaciones adicionales.


Como se indicó al principio, no llamamos ladrón a nadie pero sí dudamos de la capacidad como gestor de la persona no nombrada, aunque lo que más nos preocupa es que quien tiene la designación de los españoles para gobernarnos sí confía en él.